Unas fiestas sostenibles

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Ahora, que a diferencia de lo que pasó en el siglo XX, la continuidad de las fiestas está plenamente asegurada e incluso en expansión, las fiestas del fuego se enfrentan a nuevos desafíos como su coordinación, su equilibrio entre las dinámicas comunitarias y sus usos más allá de las mismas. Un análisis de la sostenibilidad cultural futura es necesario para determinar el equilibrio entre el crecimiento de la fiesta y el hecho de que esta sigue siendo sobre todo una celebración local que marca la vida comunitaria.

Encender el fuego año tras año tiene un valor de continuidad simbólica, pero hoy también tiene un valor social, económico y político. Proporcionar herramientas para esta continuidad en pleno siglo XXI ha sido uno de los objetivos del proyecto Prometheus y de este museo virtual.

Falles a Taüll, Alta Ribagorça, Catalunya, any. Fotografía: Oscar Rodbag

El impacto del COVID-19 sobre las fiestas

Durante el período COVID-19, el 2020, las fiestas también se vieron afectadas. Las soluciones adoptadas fueron de tres tipos:

  • En algunas poblaciones se optó por suprimirlas, especialmente en 2020, y, sobre todo, en el lado francés, por la prohibición gubernamental, con una interrupción dolorosa que hacía muchos y muchos años que no se había producido, incluso en años de guerras. A pesar de la prohibición, algunos pueblos hicieron igualmente brandons para remarcar la fecha en el calendario, reuniéndose en grupos de gente cercana.
  • Celebraciones reducidas y limitadas a la población local. Algunos fallaires del Pallars Sobirà (Alós, Isil, València d’Àneu y Montclar) y Pallars Jussà (La Pobla de Segur), con el apoyo de la Cátedra de Educación y Patrimonio Inmaterial de Los Pirineos, hicieron un vídeo en el que solicitaban a la gente externa al pueblo: “no vengas, quédate en casa, hazlo por nosotros, hazlo por nuestra gente. Volveremos”. En Isil, por ejemplo, se hizo un acto simbólico restringido a los vecinos y las vecinas de la localidad, lo que permitió hacer incluso la bajada, pero con menos fallaires. Algunos vecinos consideraron que hacía años que las fiestas no se habían celebrado tan bien, porque volvían a ser una celebración pequeña y sin turistas. Un vecino de Durro, Enric Plaza, en la publicación Pirineos Digital decía: “La pandemia ha sacado turistas, pero nos ha permitido recuperar unas fallas más auténticas”.
  • Aplazamiento o cambio de calendario. Esta opción se contempló en algunos lugares, como Andorra, en donde se trasladó la fiesta al solsticio de invierno de 2020. Sin embargo, la pandemia impidió que se pudieran realizaren esa nueva fecha.
  • Actos simbólicos y alternativos, como la quema de las fallas en grupos de amigos o familiares, o la realización de pequeños actos simbólicos, como el que se realizó en Andorra con la recepción de la llama del Canigó. Entonces, hubo presencia de fallaires, pero sin hacer rodar las fallas.

En 2021, aunque se mantuvo la no celebración en algunas poblaciones, las fiestas se pudieron realizar, aunque con medidas restrictivas o en fechas diferentes. En todo caso, el periodo COVID-19 ha hecho reflexionar a las comunidades sobre la esencia de la propia fiesta, sus retos futuros de sostenibilidad y su significado en las propias comunidades.

Bajada simbólica en La Pobla de Segur (2020)

El impacto del turismo en las fiestas

La relación de las fiestas con el turismo es muy desigual. En la mayoría de los pueblos en los que se celebra, la presencia de los forasteros es mínima y la participación en estas se limita a los habitantes, gente que tiene una segunda residencia y algunos amigos o familiares. Por el contrario, en algunas poblaciones, la presencia de turistas -sobre todo después de la Declaración de la UNESCO- ha comportado la masificación de la celebración, tanto de practicantes fallaires como de espectadores.

Debido a la gran cantidad de fallaires, en algunos pueblos se ha limitado su número. Por ejemplo, en Boí, donde en 2017 se hizo pública una circular en la que se acotaba el número máximo de fallaires a 150, y de estos, sólo podían bajar los vecinos del pueblo más uno por casa, los empadronados en el valle de Boí y los titulares de segundas residencias. Con ello, se pretendía desmasificar la fiesta, especialmente, la participación de turistas.

El principal problema, sin embargo, es la presencia de un gran número de espectadores. Hace años que se realizan restricciones de vehículos en los accesos para evitar colapsos de tráfico y de aparcamiento.

La capacidad de aforo de los pequeños pueblos pirenaicos es limitada. En el caso de Isil, los 40 habitantes que viven todo el año en la localidad se pueden multiplicar por 100 el día de San Juan, llegando en algunos años a unas 4.000 personas. La presencia del turismo masivo en algunas poblaciones durante las fallas comporta una elevada ocupación hotelera, lo que genera beneficios económicos, pero al mismo tiempo, trae consigo riesgos tanto para la sostenibilidad y seguridad de la fiesta como también para poder mantener una celebración que, sobre todo, es de las comunidades locales.

En el lado francés, el desafío consiste en respetar la intimidad de las celebraciones del pueblo en torno al fuego comunitario, abriéndose tímidamente al público exterior, a excepción de Bagnères-de-Luchon, una ciudad termal con un gran número de turistas.

Fiestas sostenibles

Las fiestas del fuego son un claro ejemplo del equilibrio con la naturaleza y del aprovechamiento de los recursos del medio natural, de manera que en cada población los tipos de vegetación utilizada se adapten a estos recursos. Implican, también, una conexión con la naturaleza. Sin embargo, en el futuro, la apuesta por la sostenibilidad de la fiesta debe ser una de las máximas aspiraciones de las comunidades fallaires. Los retos son diversos, especialmente en aspectos como la sostenibilidad ambiental (uso de espacios naturales, materiales utilizados para la confección de las fallas); la reducción de la participación en la fiesta en aquellos casos en que hay masificación en función de las posibilidades de cada población (participación y sobre todo medidas de control de acceso de vehículos); la concienciación de los visitantes sobre el valor patrimonial de las fiestas y su respeto; y sobre todo, acciones en beneficio de la sostenibilidad cultural.

Unas fiestas igualitarias. Fallas y género

Dans le passé, la célébration des fêtes du feu impliquait une séparation des rôles attribués aux hommes et aux femmes, reflet d’une société dans laquelle les inégalités entre les sexes étaient très marquées. Même s’il y a beaucoup de différences entre les communes, c’étaient les hommes qui descendaient généralement les falles (flambeaux) alors que les femmes les attendaient au village.

En el pasado, la celebración de las fiestas del fuego conllevaba una separación de los roles atribuidos al hombre y la mujer, reflejo de una sociedad en la que la desigualdad entre hombres y mujeres estaba muy marcada. Aunque hay muchas diferencias según cada localidad, generalmente, eran sólo los hombres los que bajaban las fallas mientras que las mujeres les esperaban en el pueblo y, también, eran los hombres los únicos que preparaban los brandons.

Actualmente, en el lado francés, en las celebraciones de los brandons, la división de las tareas sigue siendo bien marcada: el trabajo de cortar y preparar el brandon es generalmente masculino, mientras que la organización y la animación de la velada es una labor mixta a cargo de las asociaciones o ayuntamientos. Las mujeres pueden hoy ocupar puestos de responsabilidad (como presidenta de la comisión de fiestas o alcaldesa) y no pasan a ser únicamente espectadoras, como era en el pasado.

Así, y poco a poco, estas diferencias han ido superándose, aunque en algunos casos hace muy pocos años y no sin resistencias y debates.

En Taüll, la bajada de las fallas estaba reservada a los hombres hasta el año 2008. Entonces, en un referéndum entre los vecinos se decidió que las mujeres no podían bajar las fallas, pero un grupo de seis mujeres lo hicieron igualmente. Ello originó una controversia local, hasta el punto de que el faro no se encendió en protesta por esta presencia femenina. Un año más tarde, un grupo de fallaires hizo un itinerario alternativo como protesta por la participación de mujeres. Desde 2010, las mujeres bajan las fallas sin mayores problemas.

En La Pobla de Segur, la participación de las mujeres en la bajada se aprobó en 2018, en una Asamblea de la Asociación Cultural de Fallaires y Montmells de La Pobla de Segur, entidad que organiza la fiesta. La decisión se tomó a petición de dos socias que reivindicaban que “las tradiciones deben evolucionar tal y como evoluciona la sociedad y se tienen que ir adaptando a las nuevas circunstancias que surgen a lo largo de los años, ya que, si no, acaban muy desvinculadas de la población y a lo largo del tiempo la gente ya no se siente identificada”. La asociación organizadora comunicó que “a partir de ahora, en las fallas de La Pobla de Segur, tanto hombres como mujeres podrán ejercer el rol que más les convenga, sin alterar la estructura de la fiesta, que pide que las parejas estén formadas por una persona vestida de fallaire y una de pubilla“.

La evolución de las prácticas de patrimonio inmaterial hacia la plena igualdad de género es un principio básico de la UNESCO respecto a las inscripciones en su Lista Representativa.

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